Lupita Bonilla comparte el texto sobre Quito antiguo
Autor anónimo.
"Por los años 1967, tenía mi propio Internet (Única ventana al mundo a excepción de los libros), era la peluquería del "Maestro verrugas" a quién visitaba todos los días, para leer " El Comercio" sus tres secciones, sobre todo me interesaba las noticias internacionales, relacionadas a la vida del Che Guevara y Régis Debray, el uno ya en Bolivia y el otro en Cuba (Muy amigo de Castro).
Autor anónimo.
"Por los años 1967, tenía mi propio Internet (Única ventana al mundo a excepción de los libros), era la peluquería del "Maestro verrugas" a quién visitaba todos los días, para leer " El Comercio" sus tres secciones, sobre todo me interesaba las noticias internacionales, relacionadas a la vida del Che Guevara y Régis Debray, el uno ya en Bolivia y el otro en Cuba (Muy amigo de Castro).
Mi amigo el peluquero me permitía leer mientras él cortaba el pelo, las barbas ralas con su afilada navaja.
Ya en los años 1.969, el hombre llegaba a la Luna, el movimiento Hippie irrumpía en Quito con fuerza, "Paz y amor", era el nuevo signo y un olor a mariguana impregnaba el ambiente.
De pronto asomaron los melenudos, pelos y barbas largas.
El maestro peluquero los veía indignado. (advertía que le vendrían tiempos difíciles, ya pocos querían hacerse el pelo, corte rebajado o corte cadete).
Me consta sus insultos: ¡melenudos, maricas!, les gritaba y ellos no se inmutaban, estaban medio volados.
El boom petrolero, con el “Bombita”montado en camello, darían a Quito un impulso inusitado.
El famoso Palatino, La Cueva del Oso, darían paso a los bares del Norte.
Sus rokolas y sus mesas donde se amontonaban las cervezas como sinónimo de "buena cabeza" y para facilitar las cuentas del mesero, aquel Chulla que no le mareaba el alcohol, pero SI la mujer de sus sueños.
Abrazado a la Rokola introducía las monedas de despecho y era capaz de morder la "copa rota", o abrirse las venas con sus vidrios. Hecho trizas sus ilusiones, ahogaban sus penas con canciones de Julio Jaramillo.
Habían los famosos reservados, sitios mágicos con las mismas mesas, cruzados por unas cortinas, que permitían la privacidad, evitaba las miradas aguardientosas y agresivas de quienes no sabían dominar al Dios Baco o simplemente suicidas despechados de amor no correspondido en busca de liarse a golpes con el típico: "Que me ves".?
Nunca faltaron los Requintos, los Serenos, las guitarras que a la luz de la luna fría, se afinaban con antelación antes que hayan malos entendidos como lo sucedido en Riobamba, una anécdota que me contó mi madre: Unos jóvenes enamorados se preparaban para dar Sereno a las hijas de un encopetado hacendado, quien al escuchar los rasgados de las guitarras, que los muchachos iban afinando y nombrando el pentagrama: "La mayor: “La menor", irrumpe por la puerta principal, el Padre celoso gritando: ¡Ni la mayor, ni la menor de mis hijas, ustedes se me largan!.
Se cantaban pasillos y las nuevas baladas que llegaron con Rafael, Piero, Sandro y Favio, allí entre buhardillas, terrazas de casas renteras donde divisabas las Cúpulas de las Iglesias, se afinaban las cuerdas y gargantas, se templaban los nervios con un “Canta-claro". Rompiendo el silencio de la noche, interrumpiendo el sueño de la risueña dama que atropellada, se lanzaba a la ventana para mover la cortina de la sala en un ritual de aceptación y sinónimo que escuchaba semejante bulla, que despertaba al barrio entero.
Ese Quito romántico, posesivo, celoso, custodiaba en cada barrio a su reina.
Tener una enamorada en otro barrio era cuestión de
"Machos" significaba batirse a trompones con los bravos custodios de la dama pretendida.
Había otra estrategia mucho más eficaz y era hacerse amigo de la gallada, para luego estar más cerca del objetivo,soportar al primo, al hermano al amigo era un sacrificio que valía la pena.
Siempre la jorga, la gallada te daba seguridad, protección y sobre todo una fuente inagotable de hermanas, primas, amigas y fiestas.
No existían los colegios mixtos, por tanto el contacto con el sexo contrario era escaso y pasaba necesariamente por el amigo o compañero de colegio.
El Norte de Quito tenía otra dinámica, llegabas a través del "Iñaquito-Villa Flora" y "Colón Camal" en sus tres versiones: El bus popular de 2 puertas, con derecho de subirte o bajarte al vuelo (pesetero), el Micro o Especial y el Colectivo que era para señoras y gente bien.
Al llegar al Ejido sentías que te habrías a otro mundo, todo plano, anchas avenidades, construcciones modernas, te introducías a un mundo más moderno, más Chic.
La Juventud te permitía hacer amigos con facilidad, ingresabas a nuevos círculos nuevas amistades, nuevas posibilidades.
De las melcochas bailables con los Wawanco, se pasó a las humoradas, las fiestas Rosadas con los "Graduados de Colombia", las fiestas de colegio, las fogatas bailables, con el " Clan 5", en vivo y directo.
Asistí a muchas de ellas y con cada baile con cada vuelta conseguía el número telefónico, una invitación al cine que nunca llegaba, porque no había permiso o porque te decían como la canción: "No tengo edad" o simplemente el número telefónico dado era falso, entregado solo para salir del paso.
De Norte a Sur, cual Rosa de los vientos con sus 4 puntos cardinales, te aventurabas a llegar a los confines de la ciudad, en sus cuatro dimensiones: bajar a las piscinas de los valles, cruzar los ríos, subir al Pichincha, volar cometas en el Panecillo, ir a la Estación de Chimbacalle o visitar la Línea Ecuatorial, era motivo de un largo paseo, un día entero de retos y aventuras.
Traspasar las chacras, huir de los perros guardianes, cruzar sementeras llenos de choclos eran retos cotidianos en una ciudad mitad ciudad, mitad pueblo, mestiza, profunda.
En el Quito de estudiante se mezclaban laicos y religiosos, Paicos y Lima Dry.
Teníamos una gran educación y valores.
Entre los colegios que se destacaban en estudios y deportes eran: El Patrón Mejía, el Señor Montufar, El San Gabriel, el Benálcazar, Academia Militar Ecuador, en masculinos y en femeninos estaban el 24 de Mayo, Simón Bolivar, Espejo, Providencia, Spellman, San Francisco de Sales, La Inmaculada, las Mercedarias, La Dolorosa etc. etc.
Los años 70's fueron de transición profunda en la Sociedad Quiteña.
Se pasó del Quito de Barrio al Cosmopolita, de la fiesta de casa a la Discoteca, de la cumbia a la música disco, de las fiestas con tocadiscos a los Disc Jockey.
El Quito romántico, también se nutria de frutas exóticas venidas allende.
"Las épocas de Monas".
De pronto el Chulla Quiteño era sacudido por una fuerza telurica cual terremoto, unos vestidos ligeros que exhibían el trópico lejano, caminaban elegantes con mucha prosa , nuestras calles empedradas y las anchas avenidas, con su cadencia tropical.
Los ojos muy abiertos, no daban crédito a esa visión de belleza natural de nuestra costeña.
Entonces uno olvidaba por momentos la mirada puesta en el balcón de la pretendida, que solo le había prometido ir a misa de seis, la chiquilla siempre acompañada.
Dejaba a un lado tanta devoción, para ir tras una loca pasión que despertaba esa visión estacional.
Allí se comprende porqué nuestros poetas de la generación decapitada, ¡perdieron la cabeza!.
El Quito romántico, también se nutria de frutas exóticas venidas allende.
"Las épocas de Monas".
De pronto el Chulla Quiteño era sacudido por una fuerza telurica cual terremoto, unos vestidos ligeros que exhibían el trópico lejano, caminaban elegantes con mucha prosa , nuestras calles empedradas y las anchas avenidas, con su cadencia tropical.
Los ojos muy abiertos, no daban crédito a esa visión de belleza natural de nuestra costeña.
Entonces uno olvidaba por momentos la mirada puesta en el balcón de la pretendida, que solo le había prometido ir a misa de seis, la chiquilla siempre acompañada.
Dejaba a un lado tanta devoción, para ir tras una loca pasión que despertaba esa visión estacional.
Allí se comprende porqué nuestros poetas de la generación decapitada, ¡perdieron la cabeza!.
El Quito de los años 60's no fué nocturno, servicios de comida eran muy escasos pasadas las 10 de la noche, salvo ciertos puestos de papitas con salchicha, apostados en ciertas esquinas del Centro, los caldos de gallina de Mama Miche en la Marín o los “secos de chivo”de la Maldonado, uno terminaba abandonado y con hambre, en semejante chuchaqui, siempre a pie.
El caminar por las noches en Quito no comportaba peligro, salvo uno que otro borrachín que hablaba con los postes cerca del Palacio de Gobierno, pensando que era Velasco.
En cambio en el Norte de Quito, la vida era nocturna, discotecas, restaurantes como Caldos S.A., el Hotel Colón atendían hasta altas horas de la noche, uno regresaba a su casa bien tanqueado
El Quito del Sur tenía su gran tradición y encanto barrios como la Villa Flora y Magdalena, serán motivo de un capítulo aparte, como el Quito de la Diversión.
El Quito del Arte, del Café, Quito de las tradiciones y los toros, el Quito intelectual.
Ese Quito conventual, inspirado, antiguo, rescatado por Historiadores, figuras como Luciano Andrade Marín, Jorge Carrera Andrade, Remigio Romero y Cordero, del Omoto Albán, ese Quito del tresillo, del Murcielagario, el de nuestros Padres y abuelos liberales o conservadores, curuchupas o Alfaristas, fué de un tiempo luminoso, anecdótico de valores y tradiciones.
Ese Quito no lo viví, pero lo sentí a través de los antepasados que viven en mi, entre curas y Militares, chagras y capitalinos, chapetones y castizos, entre blancos, indios, negros y mestizos, Dios quizo que viva en Quito, ciudad milenaria, (nostalgia Cusqueña), acogedora de pastusos, guaytambos, morlacos, arena pupos, monos, jíbaros y allullas."
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